El Viejo Molino

El Viejo Molino

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Av. Gdor. Pujol 1751, W3402 W3400BKN, Corrientes, Argentina
Bar Bar restaurante Restaurante
8 (1788 reseñas)

Ubicado en Av. Gdor. Pujol 1751, en Corrientes, "El Viejo Molino" se presenta como un establecimiento con la ambición de ser un punto de referencia dentro de la gastronomía de bar y los restaurantes familiares de la zona. Con una calificación general de 4.0 estrellas sobre 5.0, basada en un considerable número de 1327 valoraciones de usuarios, podría parecer, a primera vista, un destino prometedor para quienes buscan una salida a cenar o disfrutar de la vida nocturna local. Este lugar se clasifica como bar, restaurante y establecimiento de comida, ofreciendo servicios de cena, almuerzo, y brunch, lo que sugiere una propuesta versátil para diferentes momentos del día. Además, cuenta con la comodidad de acceso para sillas de ruedas, un punto a favor en términos de inclusividad. El rango de precios, categorizado en nivel 2, indica que es un lugar accesible para una amplia gama de presupuestos. Sin embargo, un análisis más profundo de las experiencias recientes de los clientes revela una realidad que dista mucho de la perfección y que, en varios aspectos, plantea serias interrogantes sobre la calidad del servicio y la gestión.

La propuesta de "El Viejo Molino" abarca diversas facetas. Se anuncia como un lugar donde se puede disfrutar de cerveza y vino, elementos esenciales para cualquier bar o cervecería. La posibilidad de comer en el local (dine-in) o solicitar comida para llevar (takeout) añade flexibilidad para los clientes. Sus horarios de atención, aunque no todos los días de la semana, están pensados para cubrir las noches de jueves, viernes y sábado, así como el mediodía y la tarde del domingo. Específicamente, los jueves y sábados opera de 21:30 a 3:00, los viernes de 21:30 a 24:00, y los domingos de 10:00 a 20:00. Los lunes, martes y miércoles permanece cerrado. Estos horarios estratégicos buscan capitalizar la afluencia de público durante los fines de semana y las noches, momentos en los que la gente busca opciones de entretenimiento nocturno y cenas informales. La visión de un lugar con música en vivo o eventos especiales, como un show con cena, es atractiva y podría justificar un nivel de precios moderado si la ejecución fuera impecable.

No obstante, la realidad operativa, según múltiples testimonios recientes, dista considerablemente de esta promesa. Uno de los problemas más recurrentes y graves es la evidente falta de organización. Clientes han reportado largas filas en la entrada para eventos, con la propia dueña, en medio de gritos, gestionando de forma caótica la ubicación de los asistentes. La situación se agrava al cuestionar la validez de los tickets ya adquiridos, incluso aquellos que especificaban "show con cena incluida", generando una primera impresión de desorden y falta de respeto hacia el cliente. Este nivel de desorganización en la recepción no solo es bochornoso, sino que también indica un posible exceso en la capacidad de personas que se intenta ingresar, sobrepasando los límites de un servicio eficiente y digno. La promesa de una "noche mágica" rápidamente se transforma en un "calvario" desde el momento de la llegada.

Una vez superado el caótico ingreso, el siguiente desafío es la atención en mesa. Tras esperas de hasta una hora para ser ubicados, los clientes se encuentran con una nueva odisea: la espera por ser atendidos. Se describe a las mozas corriendo de un lado a otro, desbordadas por la cantidad de gente, mientras los clientes imploran atención. La lentitud en el servicio es tal que, cuando finalmente se consigue ordenar, la entrega es deficiente. Un ejemplo claro es la solicitud de una gaseosa que llegó con un solo vaso para cuatro personas, un detalle menor pero que refleja una falta de atención fundamental y un descuido en la experiencia del comensal. Esta situación es particularmente preocupante para un establecimiento que se promociona como restaurante, donde la eficiencia y la calidad del servicio son pilares básicos.

El aspecto gastronómico, crucial para cualquier restaurante o parrilla, es donde "El Viejo Molino" ha recibido algunas de las críticas más severas. La promesa de "cena incluida" en un evento, como se detalla en un ticket, ha resultado ser una falacia para algunos. A pesar de las promesas por micrófono de la dueña, asegurando que "todos comerán asado", la realidad es que la comida simplemente no llegaba. Clientes reportaron horas de espera, con sus hijos hambrientos, solo para descubrir que su pedido "no figuraba en la lista" y que "ya no había asado". La oferta de "ver qué hay en la cocina y llevarle" después de una espera prolongada es una muestra de la improvisación y el desinterés, generando una profunda sensación de estafa y burla. Para quienes buscan carnes asadas o una buena parrillada, esta experiencia es inaceptable.

Pero más allá de la falta de comida, la calidad y la higiene de los alimentos han sido motivo de denuncias alarmantes. Un testimonio relata el hallazgo de una cucaracha muerta en la tabla de una pizza. Más allá de la repugnancia obvia, este incidente apunta a problemas sanitarios muy serios. La pizza, además, fue servida fría y con poco queso, y el cambio demoró más de media hora sin siquiera una disculpa. Otra crítica menciona que la carta de comidas ofrecía opciones de las cuales "no tienen ni la mitad", y las bebidas se limitaban a cerveza y "un gancia que quizás mi hijo de 5 lo prepara", lo que evidencia una oferta limitada y de baja calidad para un bar que debería ofrecer una variada carta de tragos o al menos una buena selección de cerveza artesanal.

La falta de higiene se extiende a las instalaciones generales del lugar, generando preocupaciones serias para la salud pública y el confort del cliente. Los baños son descritos como "mugrientos", "sin agua" y "sin higiene", sin papel, lo que es inadmisible en cualquier establecimiento público, y mucho menos en un restaurante o bar. La situación en la cocina es aún más grave, con reportes de manipulación de lechuga sin lavar y la evidente falta de agua en esas áreas. Incluso los inflables para niños, un atractivo para las familias, fueron señalados como sucios. Esta negligencia en la limpieza y el mantenimiento de las instalaciones contribuye a una atmósfera general de abandono y desinterés por el bienestar de los clientes. Un ambiente sucio y descuidado no invita a disfrutar de una picada ni de una cerveza fría.

El impacto de estas deficiencias en la experiencia del cliente es devastador. La sensación de impotencia, la bronca contenida y la frustración por un evento familiar arruinado son sentimientos comunes entre quienes han compartido sus malas experiencias. La actitud de la dueña, culpando al organizador del show por el desborde de gente, en lugar de asumir la responsabilidad de la gestión del local, agrava la situación y demuestra una falta de profesionalismo en la resolución de conflictos. Los clientes no solo buscan comida y bebida, sino una experiencia agradable y respetuosa. Cuando se les promete un servicio digno, organización, higiene y un trato humano, y estas expectativas son completamente defraudadas, el resultado es una pérdida total de confianza. Un lugar con problemas tan fundamentales no puede aspirar a ser un referente en la vida nocturna o como opción para after office.

A pesar de la calificación promedio de 4.0 estrellas, es imperativo que los potenciales clientes tomen en consideración las recientes y detalladas quejas. Si bien es posible que en el pasado "El Viejo Molino" haya ofrecido mejores experiencias, los testimonios más actuales pintan un panorama de inconsistencia y problemas recurrentes en áreas críticas como la organización, la calidad de la comida y, sobre todo, la higiene. Para quienes buscan un lugar confiable para una noche de copas, una cena tranquila o un evento especial, la información disponible sugiere que se debe proceder con cautela. La dirección es Av. Gdor. Pujol 1751, W3402 W3400BKN, Corrientes, y el número de teléfono para consultas es +54 379 439-8940. La esperanza es que la dirección tome medidas concretas para abordar estas serias deficiencias y restaurar la confianza de sus clientes, ya que en el competitivo mundo de los bares y cervecerías, la reputación se construye con cada experiencia positiva y se destruye con cada falla grave.

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