Bar Oviedo

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Av. Lisandro de la Torre 2407, B1440 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Bar
6.8 (253 reseñas)

En el corazón histórico de Mataderos, un barrio que evoca la fusión entre la vibrante vida urbana y las tradiciones rurales argentinas, se alza el Bar Oviedo en la Avenida Lisandro de la Torre 2407. Este establecimiento no es un bar cualquiera; ha sido oficialmente declarado como Bar Notable y Sitio de Interés Cultural por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un reconocimiento que subraya su profundo valor patrimonial y su arraigo en la memoria colectiva del barrio.

El Bar Oviedo se erige en una esquina emblemática, en el punto fundacional de Mataderos, justo donde la Avenida Lisandro de la Torre se cruza con la Avenida de los Corrales. Su fachada, con inscripciones que datan de 1900, es un testimonio de su longevidad, aunque algunas voces sugieren que su funcionamiento podría remontarse incluso a finales del siglo XIX. Originalmente un almacén y posada, conocido primero como "Almacén Francés" y luego "La Capital", el Bar Oviedo ha sido testigo y protagonista de la evolución de Mataderos, un barrio que nació alrededor del Mercado Nacional de Hacienda y que aún hoy conserva ese espíritu telúrico.

Uno de los aspectos más distintivos del Bar Oviedo es su profunda conexión con la cultura popular y el folclore. Fue un reconocido punto de encuentro para los payadores, esos poetas populares que improvisaban versos al son de la guitarra, ganándose el apodo de "Bar de los Payadores". Figuras legendarias como José Betinotti, Gabino Ezeiza y Nicanor Reyes, entre otros, compartieron sus destrezas líricas al lado del mostrador o entre las mesas. La historia del bar también resuena con la presencia de personalidades del tango, como Ángel Riverol, guitarrista de Carlos Gardel y vecino del barrio, así como los cantantes Ignacio Corsini y Alberto Castillo, quienes supuestamente disfrutaron de su ginebra. Incluso el bailarín de tango Virulazo y el célebre Juan Carlos Copes, recordado con una placa, formaron parte de las tertulias y las partidas de billar que animaban el lugar. Esta rica historia impregna cada rincón del local, ofreciendo una auténtica inmersión en la tradición y la cultura de bar porteña.

El ambiente del Bar Oviedo es, sin duda, su mayor atractivo para muchos. El interior, "todo revestido en madera", transporta a los visitantes a otra época, con mesas de madera o metal y la ocasional presencia de un billar que invita a la distensión. No es raro encontrar parroquianos ataviados con vestimenta tradicional gaucha, como corraleras, alpargatas y boina, lo que refuerza esa sensación de estar en un puente entre el campo y la ciudad. Con una capacidad para hasta 150 personas en su amplio salón, el bar ofrece un espacio generoso para disfrutar de una comida o una bebida en un entorno singular. Su ubicación estratégica frente al Monumento al Resero y en el epicentro de la Feria de Mataderos, que se celebra cada domingo de 12:00 a 20:00 horas, lo convierte en un punto de referencia ineludible para quienes visitan esta famosa feria de artesanías y tradiciones populares argentinas.

En cuanto a la oferta gastronómica, el Bar Oviedo se inclina por una propuesta de bodegón tradicional, con un enfoque en la "sanguchería pura", destacándose el pebete de salame y queso como una recomendación. Los comensales han mencionado platos como la milanesa napolitana con papas, guiso de lentejas, y opciones de parrillada y rape. La percepción general es que las porciones son abundantes y los precios, catalogados como nivel 1, son justos y accesibles, lo que lo convierte en una opción económica para quienes buscan platos abundantes y sabrosos. Además de la comida, el Bar Oviedo es un lugar donde se puede disfrutar de una cerveza o una copa de vino, consolidando su perfil de bar clásico.

Sin embargo, la experiencia en el Bar Oviedo no está exenta de aspectos que podrían mejorar. Un punto crítico es su horario de atención extremadamente limitado; según la información más reciente, abre exclusivamente los domingos de 10:00 a 20:00 horas, permaneciendo cerrado de lunes a sábado. Esta restricción horaria, aunque coincide con la Feria de Mataderos, limita significativamente las oportunidades para visitarlo.

Las opiniones sobre el servicio y la higiene son variadas y, en ocasiones, preocupantes. Mientras algunos visitantes han elogiado una atención "apropiada" o incluso "buena" en el pasado, otros han reportado "muy mala atención" por parte del personal de mesa. La velocidad del servicio también ha sido motivo de quejas, con un cliente mencionando una espera de media hora por una milanesa napolitana, incluso bromeando sobre la lentitud como si tuvieran que "carnear el novillo". La limpieza es otro punto débil; los baños han sido descritos como "a medias de limpieza" e incluso con el piso "lleno de agua" en el de mujeres, sumado a la insólita práctica de cobrar el papel higiénico. Un problema recurrente y significativo es el humo y el olor a aceite y grasa proveniente de la cocina, que inunda el salón y llega hasta la vereda, lo que puede resultar muy desagradable para los comensales y afectar la experiencia general. La ausencia de Wi-Fi también es un detalle que algunos visitantes modernos pueden echar en falta. Finalmente, la disponibilidad de ciertos productos, como las medialunas para el desayuno, no siempre está garantizada.

Con una calificación promedio de 3.4 estrellas sobre 5 basada en 188 valoraciones, el Bar Oviedo se posiciona como un lugar de sensaciones encontradas. Es un destino ideal para aquellos que buscan una experiencia auténtica de bodegón, inmersa en la historia y el folclore de Buenos Aires, especialmente si se visita en el contexto de la Feria de Mataderos. Es para quienes valoran las porciones generosas a buen precio y el encanto de un lugar "quedado hermosamente en el tiempo". Quienes priorizan una limpieza impecable, un servicio rápido y sin fallas, o un ambiente libre de olores de cocina, podrían encontrar la experiencia menos satisfactoria. No es el lugar para quienes buscan una cervecería artesanal moderna o un bar con coctelería de autor, sino más bien un viaje al pasado que, con sus virtudes y defectos, forma parte indeleble del patrimonio cultural porteño. Es un lugar para disfrutar con la mentalidad de adaptarse a los tiempos de un bodegón tradicional, donde la historia y la atmósfera superan cualquier pequeña incomodidad.

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