Hipopótamo
AtrásEn el corazón de la vibrante Ciudad Autónoma de Buenos Aires, específicamente en la calle Brasil 401, se encuentra un establecimiento que trasciende el mero concepto de un lugar para comer y beber: Hipopótamo. Este icónico negocio opera de manera continua y se ha consolidado como un verdadero Bar Notable, una distinción que no se otorga a la ligera en una ciudad tan rica en historia y tradición. Desde 1909, cuando abrió sus puertas bajo el nombre de “La Estrella del Sur”, este local ha sido testigo de innumerables historias, conversaciones y momentos que lo han arraigado profundamente en la cultura porteña, siendo reconocido oficialmente por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por su valor arquitectónico, histórico y cultural.
Con una impresionante calificación de 4.1 sobre 5 estrellas, basada en las opiniones de casi 3500 usuarios, Hipopótamo se presenta como una opción sólida para quienes buscan una auténtica experiencia gastronómica. Su nivel de precios se sitúa en un rango moderado, haciéndolo accesible a un público amplio. Este establecimiento multifacético funciona como restaurante, bar y café, ofreciendo una propuesta integral desde las primeras horas de la mañana hasta bien entrada la madrugada, con un horario ininterrumpido de 8:00 a 2:00 todos los días de la semana, lo que lo convierte en un punto de encuentro ideal para cualquier momento del día.
El ambiente de Hipopótamo es, sin duda, uno de sus puntos más fuertes. Al cruzar sus puertas, los visitantes son transportados a otra época. El local ocupa un edificio de tres pisos levantado a principios del siglo XX y conserva una atmósfera clásica de bodegón, caracterizada por una cierta penumbra acogedora, realzada por el brillo de su boiserie reluciente y las mesas tradicionales de café. En su interior, la decoración es una cápsula del tiempo, con una emblemática escultura de un hipopótamo que da nombre al lugar y carteles enlozados de publicidades antiguas, como los del Aperitivo Campari o los Cigarrillos 43, que añaden un toque nostálgico y pintoresco. Esta cuidada estética ha sido escenario de diversas producciones cinematográficas argentinas, como “Despabílate amor” y “Las cosas del querer II”, y ha atraído a figuras culturales de la talla de Tita Merello, Ernesto Sábato, Osvaldo Soriano y Ulises Dumont, e incluso al reconocido director Francis Ford Coppola. Incluso hoy, no sería extraño cruzarse con el cineasta Juan José Campanella disfrutando de su café.
La propuesta culinaria de Hipopótamo se centra en la cocina tradicional porteña con un énfasis en platos abundantes y sabrosos. Uno de los mayores atractivos son sus picadas, que son muy elogiadas por la calidad y variedad de sus quesos, jamones y embutidos. Un cliente satisfecho destacó la excelencia de estas tablas, así como la disponibilidad de cerveza en jarras, lo que complementa perfectamente la experiencia. Más allá de las picadas, la carta ofrece una selección de *entradas* que se han convertido en verdaderos clásicos y favoritos del público. El vermut de grifo, la lengua, el matambre y las berenjenas en escabeche son mencionados como imperdibles, con una calidad intachable.
Para los platos principales, Hipopótamo no decepciona. Se pueden encontrar desde milanesas y hamburguesas hasta pizzetas y pastas caseras, incluyendo los tradicionales ñoquis de papa que, a diferencia de muchos otros bodegones, se sirven cualquier día del mes. El bife con lomo a caballo y los panchos con salchicha alemana son también opciones destacadas que prometen una comida contundente y deliciosa. Además, el menú incluye postres clásicos como panqueques de dulce de leche o manzana, y opciones vegetarianas, asegurando que haya algo para todos los gustos.
En cuanto a las bebidas, la oferta es variada y acorde a un establecimiento de su tipo. Los amantes de la cervecería pueden disfrutar de cervezas en jarras, mientras que la carta de vinos y tragos clásicos satisface a quienes buscan otras opciones. El café es una constante a lo largo del día, ideal para acompañar un desayuno, un brunch o simplemente para una pausa.
La atención al cliente en Hipopótamo recibe comentarios variados, aunque predominantemente positivos. Muchos destacan la calidez y eficiencia del personal, con menciones especiales a mozos jóvenes como Santiago, cuya profesionalidad y esmero sorprendieron gratamente a los comensales. Otros clientes resaltan el buen servicio y el ambiente acogedor. Sin embargo, no todo es perfecto. Una crítica puntual señaló la inconsistencia en el servicio, describiendo a un mesero que, aunque simpático, era algo torpe y distraído, golpeando sillas y vasos al pasar o conversando con amigos en lugar de atender las mesas con prontitud. Esto sugiere que, si bien la mayoría de las experiencias son excelentes, puede haber ocasiones en las que la atención no cumpla con las expectativas.
Un detalle que algunos clientes notaron es que el pan se cobra aparte si se solicita, y no viene incluido con el cubierto, el cual no tiene costo. Este es un aspecto a considerar para quienes esperan el pan como parte de la cortesía inicial.
Las recientes reformas realizadas en el local demuestran un compromiso con la mejora continua, sin perder la esencia histórica del lugar. Se renovó la cocina, se instaló una cava para madurar jamones durante 8 a 10 meses, y se implementó aislamiento acústico para mejorar el confort de los comensales, abordando un problema de ruido que se había detectado anteriormente. Estas inversiones reflejan el deseo de la familia Durán, que ha gestionado el bar por más de 40 años y ahora está bajo la dirección de Santiago Durán, de 22 años, de mantener viva la tradición mientras se adapta a las necesidades modernas.
La ubicación de Hipopótamo es otro de sus grandes atractivos, situado frente al histórico Parque Lezama en San Telmo. Esta posición estratégica no solo ofrece vistas agradables, sino que también lo inscribe en un barrio de gran riqueza cultural y turística. Además de la opción de comer en el local, Hipopótamo ofrece la comodidad de comida para llevar y la posibilidad de recoger pedidos en la acera, aunque no cuenta con servicio de delivery. El establecimiento es accesible para personas en silla de ruedas y permite reservas, facilitando la planificación de una visita.
A pesar de su estatus como Bar Notable y su rica historia, Hipopótamo enfrenta desafíos comunes a muchos establecimientos tradicionales. La presión de la urbanización y la proliferación de cadenas de comida rápida representan una amenaza, y la falta de apoyo gubernamental específico para estos bares históricos es una preocupación mencionada por los propios dueños. La preservación de su identidad única es una lucha constante en un mercado en evolución.
Hipopótamo es un emblema de la gastronomía porteña que ofrece mucho más que una comida; propone un viaje en el tiempo. Sus puntos fuertes radican en su profunda historia, su ambiente clásico y acogedor, la calidad de sus picadas y entradas, y una oferta de platos tradicionales que satisfacen el paladar local y turístico. La dedicación de la familia Durán, visible en las recientes mejoras y en el equilibrio entre tradición y modernidad, es loable. Si bien existen áreas para una mayor consistencia en el servicio y una comunicación más clara sobre detalles como el pan, estos son aspectos menores en comparación con la riqueza de la experiencia general. Para quienes buscan un lugar con alma, donde disfrutar de buena comida, tragos y cervezas en un entorno histórico y auténtico, Hipopótamo se erige como una parada imprescindible en Buenos Aires. Es un espacio que invita a la sobremesa, al encuentro y a ser parte de la historia viva de la ciudad, un verdadero tesoro entre los bares históricos.